martes, 4 de febrero de 2014

LUIS SEOANE, BUENOS AIRES SETEMBRO 1970: MUSEO CARLOS MASIDE

LUIS SEOANE, Buenos Aires, setembro de 1970
EL MUSEO CARLOS MASIDE
 […] Hoy un Museo es ciertamente mucho más que un depósito de cuadros y esculturas, obras que se consideraban de arte mayor, donde se mantenían y catalogaban. Es un centro vivo de actividad cultural y ya no puede estar en las manos de cualquier director, nombrado de acuerdo a unos supuestos merecimientos o por influencias personales, sino dirigidos por expertos y gentes con sensibilidad e inquietudes capaces de transmitirlas a los demás. El director no es solamente un conservador como era hace algunos años, un cuidador. Se trata de que un museo hoy tiene que servirle al hombre para que viva nuevas experiencias y lo complete en su integridad. Siempre es un lugar público para contemplar obras de arte, pero también es, cuando se trata de un Museo que reúne especialmente obras de un país determinado, un lugar donde cualquier hombre de esa tierra pueda reconocerse a sí mismo y a sus mayores, en una historia espiritual a la que pertenece el pueblo y en las líneas que confían determinadas diferenciaciones. Un museo de hoy no es exactamente una institución que está de acuerdo con el pasado sin juzgarlo y con el presente sin someterlo a crítica.


Admite el pasado en lo que significó adelanto y enseña el no conformismo y la inquietud del presente. Ofrece, a la vista del público, la riqueza de las herejías, de los cuidados de las insatisfacciones. En las heterodoxas, en los levantamientos, en las muchas clases de lucha por el progreso de la colectividad reconocemos la historia de la cultura. En las preocupaciones e inquietudes de la obra de los artistas de nuestros días valoramos, no solamente sus vidas,  sino principalmente los trabajos que realizan y los sentimos incorporados al común, a nosotros. Este fue, es, el pensamiento de los fundadores del Museo de Arte Carlos Maside. De sus paredes no colgarán aquellas obras de sólo buen oficio que no signifiquen aporte alguno, que sean copias del pasado, atrasadas históricamente por hechas hoy, sino las obras aventureras originales, en las que palpite un nuevo modo de expresarse, pudiendo descubrirse que, con el adelanto cara al futuro de esas audaces estéticas, podemos encontrar una suerte del espíritu gallego. 

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