viernes, 29 de julio de 2016

Relato de LUIS SEOANE para Simón Stassart



¡Que es el teatro? Recuerdo a un compañero de hace más de 20 años estudiante de Derecho en la universidad de Santiago de Galicia. Era un mozo aldeano alto y rubio, de ojos azules, al que produjo pasmo un aviso premonitorio durante unas vacaciones de navidad transcurridas entre los suyos. Sonaron tres fuertes golpes en las puertas de la casa cuando cenaban juntos un día de aquellas vacaciones, él, su madre y sus hermanos. Uno de ellos abrió la puerta y únicamente entró por ella viento y lluvia. Era solo noche cerrada. Nadie estaba en la puerta. Volvieron a sonar los golpes y volvió a abrir la puerta otro de los hermanos sin que nadie acudiera. Así otra vez más. Al día siguiente un cable de Buenos Aires transmitía a mi compañero y su familia la noticia del fallecimiento, a aquella hora de los golpes, del padre emigrante en Buenos Aires. Si este suceso no hubiese tenido realidad, evidenciada en la enfermedad de mi amigo, podría haber sido teatro. Pudo también haber tenido realidad y ser teatro. Ponerse en escena y reproducir, si, ¿por qué no? su efecto dramático. El teatro y sus géneros están presentes en todos los lugares, en las calles y en la casa de la montaña donde ocurrió la premonición. En la cubierta de un barco de emigrantes y en los mismos camerinos de teatro. El drama puede estar presente para unos actores en la representación de una comedia y desenvolverse simultáneamente. Ordenar los hechos y ponerlos en escena es teatro. Otro compañero mío, perdonadme por hablar de mis compañeros de estudiante, nos haría reír recitándonos artículos del Código Civil. Los artículos del Código referidos a servidumbres resultaban por su voz y sus gestos de tanto efecto cómico como los parlamentos más graciosos de la más celebrada comedia. El era, debe de continuar siéndolo, alguien que había nacido actor. Es posible que años más tarde hubiese sabido pedir con gesto adecuado la pena de muerte de algún inocente haciendo llorar a un público como antes nos hacía reír a sus compañeros. El teatro había nacido con él, sin necesidad, en su caso, de obras escritas a propósito para ser representadas.
El teatro estaba en él, como está en todos.

Está en el mundo, está en nosotros. En todas partes. Si el hombre trata de matar en la vida el drama y la comedia porque ¿se mata lo que se ama? Aspira sin embargo a verlos remedados, comedia y drama en los escenarios, por otros hombres participando en el juego aunque sea únicamente como público. Solo hace falta aquella sensibilidad necesaria para percibir el misterio en el caso de la premonición. Los fuertes golpes sonoros en el silencio de la casa aldeana. El viento, la lluvia entrando por la puerta abierta en la noche y el cable que llega transmitido a la mañana siguiente. Únicamente hace falta tener sensibilidad para encontrar risibles las palabras solemnes, arcaicas, judiciales, que tratan de regular la luz por las aberturas de las paredes de las casas, y nuestros pasos y el de los animales en los caminos aldeanos. Sensibilidad en el espectador tanto como en quien escribe, quien decora, o quienes representan.
Porque el teatro está en todas partes y como cualquier género de arte no acepta definición. Sólo definen el teatro quienes no encuentran nunca teatro, drama, ni comedia.

Autor: LUIS SEOANE, transcripción do orixinal por rosa espiñeira pan coa autorización de Maruja Seoane, outubro 2002.    

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